(Narrativa) La Historia de la Señora Elena Flores

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(Narrativa) La Historia de la Señora Elena Flores

Mensaje por Aire2409 el Jue Sep 23, 2010 3:35 pm

La historia de la señora Elena Flores
Ahora con los festejos del centenario de la revolución mexicana me vienen a la mente los recuerdos de la historia de la señora Elena Flores.
Mi abuelo, que pronto cumplirá los 93 años, nos narra muchas y variadas anécdotas e historias, algunas relacionadas con la revolución.
“No mijita, si a mí no me tocó, pero nací cerquitas, cerquitas”
Suele decirme al iniciar con sus entusiastas narraciones moviendo la mano afanosamente de un lado a otro presa de los recuerdos y la nostalgia.
Mi abuelo, Manuel Parra Báez, nació en la sierra de Sinaloa, en un pintoresco y precioso pueblito llamado “Las Mesas”, espero y algún día llegar a conocerlo, aunque por medio de sus detalladas descripciones y ese brillo de nostalgia y adoración en sus ojos me hace sentir cerca de mí la imagen del pueblecillo sierreño.
Cuando le pedí me contara una historia de la revolución, se apresuró con ansias a relatar aquella que más admiración le causó, precisamente la de ésta señora.
“Esa mentada Elena Flores” inicia con esa frase su narrativa “pero siéntate, siéntate pa´contarte” me pide subiendo y bajando la mano, yo le obedezco y me siento en una silla a su lado.
“Esa señora Elena era mujer del hermano de mi tatita, Leandro Parra, tenía tres niños chiquillos, de 8 años pa´tras la nacencia de los tres, según” se mueve hacia delate en su silla de ruedas con sus ojos sin mirar un punto especifico “y piérdese la señora de un momento a otro” niega con la cabeza “dejó a las criaturas solas en la casita que haiga tenido y el hombre salió a trabajar, y al regresar ques qué se perdió la señora”
“Y la buscaron mucho, por las quebradas pa´ver que le había sucedido, por las partes por donde había agua pa´ver si se había ahogado por ahí, no, no, no la encontraron nunca”
“Y pos sabe, se fue, se iría sola” mueve su mano hacia delante, cada vez más emocionado con su plática “o se iría con él que vivía ella (algún mozo) no se supo, porque también ellos, algunos de ellos, eran muy pesados en su forma de vida los Parra” agrega reconociendo los errores de sus familiares.
“Y la doña se cansó de aguantarle al hombre y arrancó como loca, verdad, y dejó a las crías” hace una ligera pausa y se lleva la mano a la boca “y se perdió la señora” se recarga en el respaldar de su silla, terminando con la primera parte de su historia.
“Eso fue muy atrás” suspira.
“Y dejó los lepecitos”
Lepe es un término que se utiliza en la sierra para denominar a los becerros que se quedan huérfanos, mi abuelo, que fue ganadero toda su vida, suele utilizar palabras como esas aplicándolas a las personas, él siempre que habla suele comparar a las personas con las vacas, es gracioso, pero es su forma de ver y entender la vida.
“Y crecieron hay los lepecitos, y murió el papá de ellos, y quedaron ahí las crías” suspira y se aclara la garganta “entonces cuando la revolución, entonces se hicieron los grupos y salieron a Chihuahua, entró la tropa de Sinaloa a Chihuahua, en Chihuahua también había, eso fue por todo el mundo, en todos los estados”
La revolución llegó a todos los estados del país aún en lugares tan solos como las sierras de Sinaloa y Chihuahua.
“Llegaron a una parte de Chihuahua que le dicen Batopilas Chihuahua, y llegaron ahí el grupo de revolucionarios, iban chicos y grandes, de todo iba, y ya llegaron a…a…ahí a Batopilas, y llegaron y la gente espantada, puras mujeres y su chiquititada, varones grandes no hallaron ni uno” niega con la cabeza con su voz cada vez más fuerte “se dieron cuenta que ahí iban los de la revolución y se salieron al monte a esconderse, verdad, ¿ahí tas?” me pregunta con fuerza, yo contesto que sí, que le estoy escuchando. Mi abuelo no ve con claridad desde hace casi tres años.
“Ah bueno” asiente “se salieron seguro al monte a esconderse, y ellos llegaron con mucha hambre a las casas ahí, y como se trataba que no necesitaban pedir, agarraban”
“Y hubo que agarrar” sonríe “buscaron que comer”
“-No pos que ahorita no tienen que comer las mujeres-, decían unos y otros”.
“Y puro que no y que no, que no hay pues, entonces que les dijeron”
“-Oiga, aquí delante de aquí, de este pueblo, nomás siguen adelante se ve una, ahí viven unas familias solas en una partecita, que viven fuera de aquí, pero aquí cerquitas, se ve que es gente trabajadora, se les ve ramada de maíz, y tienen un corralón de chivas, hacen queso, toman leche, todo eso-
“A entonces les dieron una razones al grupo que iba”
“Y ahí pasaron como los mochomos pa´delante, y fueron a dar allá a donde estaba el corral de chivas y la vivienda y ya llegaron ahí, y hallaron a la pura señora y una muchacha, ni un hombre, ya sabían que ahí iban y sacaron a los hombres que llevaban que comer pa´l monte pa´pasar dos tres días por ahí escondidos”
“Bueno, y llegaron ahí y la señora luego los vio, la señora les dijo.
“-Oigan muchachos ¿de qué parte vienen ustedes?, ¿son de aquí de Chihuahua ustedes o no?”
“-No, nosotros somos de Sinaloa- le dijeron”
“-Ah- les dijo -les halló yo que pueden ser de Sinaloa-”
“-Si, somos de Sinaloa-”
“-Pues yo,- les dijo, -yo conocí Sinaloa, una partecita de Sinaloa en un tiempo-, les dijo, -conocí Sinaloa un tiempo, unos ranchitos cerca de donde o vivía, cerca de donde viví-”
“Entonces iba ahí un señor que era” corrige “que había sido cuñado de ella, hermano del marido que había dejado” el abuelo ríe emocionado.
“Lo que tiene es que el cuñado de ella cuando se fue a perder estaba chamaco, como unos 17 o 18 o más, ya hombrecito, entonces empezó él a quererla, ¡a quererla reconocer!” asiente cada vez más emocionado “y ella también, se reconocían, ¿me entiendes?”, yo digo que sí y mi abuelo continua “ella lo reconocía que podía ser él”
“Entonces le dijo él -mente ahí de Sinaloa de que rancho viene-”
“Y ella empezó que rancho fulano, los ranchos que había conocido ella”
“-Conocí Baromena, conocí La Haciendita, una parte que le dicen La Haciendita- y ahí se fue, y dejó el ranchito de ella pa lo último –y un ranchito que le dicen Las Mesas, y, yo tuve un error- le dijo – yo viví en esas Mesas y me vine y dejé unas criaturas chiquitas, y no sé en qué pararían pues ya es eso como de treinta años pa´rriba-”
“Entonces que le había dicho mi tío, el tío mío –oye- le dijo –yo te reconocí desde que llegamos -le dijo- te quise conocer, te quiero conocer, ¿a poco tu eres Elena Flores?- le dijo él, así se llamaba la mujer”.
“-Si, si- le dijo ella - ¿verdad que tu eres Jesús Parra, hermano de mi esposo?”
“Pues que sí” mi abuelo mueve la mano de un lado a otro, emocionado.
“-Oye, y ¿qué razón me das de mis criaturas?”
Mi abuelo ríe, la plática llega a su momento favorito.
“¡Ah, date cuenta!” me dice emocionado, le contestó que sí, que le estoy escuchando, y él continúa.
“-Dame razón de mis criaturas-”
“-No pos tus criaturas ahí tan, ya están grandes, ya todos tienen madrina, las plebes ya tienen hijos y el muchachito también, ya tiene familia, ta hombre, pero ahí tan todos, tu esposo murió- le dijo él”
“- ¿Ah sí?-“
“Pos ella por una parte se contentó
“-Si, ya murió, aquel ya murió, pero tus plebes ahí tan, ya están grandes todos, ¡ay que caray!, ¡con que tu eres!, yo desde que te vi te quise reconocer – le dijo mi tío –ya que vi que tu empezaste a hacer preguntas de los ranchos por donde tu vivías pos ya vi yo que no estoy equivoco –le dijo mi tío –que así es-”
“-Pos así es-”
“-Oye- le dijo mi tío - ¿no quisieras ver tú a tu hijo?- le dijo”
“-¡Cómo no!, a todos quisiera ver-”
“¡Y ahí iba el hijo chiquito que había dejado, ahí iba con ellos en el grupo de los revolucionarios!”
“-A ver, háblenle a Felipe-”
“Y fueron y trajeron a Felipe de la noria y ella parada ahí”
“-A ver Felipe- le dijo mi tío – abraza a esta señora, aquí nos venimos a encontrar a tu mamá- le dijo”.
“Entonces que llega el muchacho –oiga- le dice- ¿usted es Elena Flores?-
“-Si, si hijo-”
“Entonces lo abrazo y se puso a llorar con ella”
Mi abuelo asiente aún maravillado por la historia, como si fuera la primera vez que se la contaran.
“¡Fíjate nomás!”
“Entonces, eso me lo platicaron a mí, uno que iba junto con ellos, que vendría siendo primo hermano de los muchachos, bueno que fue” pausa inhalando aire, recordando a sus parientes muertos.
“Entonces los caseros, ahí el marido y los hijos varones, se habían ido al monte a esconderse, entonces ya como haiga sido, ella mando por ellos” saca el paño rojo y se limpia el sudor “y les mando decir que ahí precisamente, que no tengan miedo que son de Sinaloa todos y que ahí iba Felipe el hijo de ella”
“Y que llegó un montón de gente con la bola de revolucionarios…, entonces que llega el más chiquito de sus niños y le dice”
“-A ver hijo saluda a este muchacho y abrázalo es tu hermano, el que yo dejé chiquito-”
“Y llegaron de uno por uno y lo abrazaron, tenía tres varones, grandes ya, hombres, ya la muchacha había estado, ya la había saludado, a lo último llegó el señor, el más viejo, el esposo de la señora y le dijo”
“-Perdónanos muchacho, están en su casa-”
“¡Fíjate nomás!”
“Y ahí tuvieron que comer, dice que hacían nixtamal, que iban a moler aquella bola” sonríe y moviendo la cabeza de lado a lado, yo también sonrió al contagiarme por su entusiasmo y nostalgia “matando chivas y comiendo queso, así pasaron como unos tres, cuatro días, y se desparramaron todos” mueve la mano “y se quedó el mentado Felipe con la mamá, ahí con ella, les dio el arma que llevaba él a los demás y se quedó”.
“Entonces ya que se serenó la cosa tantito, los días que haigan sido descanso el muchacho, se trajo un hermano al paraje viejo que había dejado la doña, a Las Mesas, pa´hacer unos corrales pa´trairse las chivas pa´trairselas de allá, y se vino el muchacho con su hermano el más grande, y se vinieron y construyeron aquellos corrales, consiguieron animales de los vecinos y fue y se los trajo”
“¡Aquel chival tan grande dicen que traía!, el más chico, el más nuevo, era el que venía con las chivas, llegó montado en bestia seguido por todos”
El abuelo suspira y sonríe.
“Bueno, pos esa platica me la hicieron yo ya de hombre, y cuando recién yo, yo llegue a conocer eso, después que ellos vinieron acá, el papá vivía cerca, en un rancho de La Haciendita, estaba yo chiquito, como este tuyo, este chiquito”.
Señala a mi pequeño sobrino de 3 años que corre por ahí, ya no me sorprende su memoria, ni la nitidez con la que aún describe sus recuerdos, mi abuelo tiene una excelente capacidad para recordar.
“Y mi pá tenía una bestia, y él tenía el papá pa´rriba también. Pensando una vez o dos subió mi papá con esa gente, estaban en un solarcito con unas casa así por allá, habían ido por un maicito pa´hacer esquite”
“Yo si me acuerdo, en burro fui, y ya estando ahí trataron un cochi que tenían grande que tenían amarrado y movían, y ahí vi a la señora, una señora delgadita, no era prieta, con una trenzona larga, que le caiga aquí mira, aquí” señala un poco más debajo de sus rodillas.
“¡Y era la mentada Elena Flores!” ríe.
“ ¿Cómo la ves?, pero estaba chiquito yo” niega con la cabeza sin borrar la sonrisa “chiquito estaba”
Yo sonrió y le pregunto si conoció a Elena Flores, algo que ya sé, pero me gusta ver el brillo en sus ojos y su sonrisa al recordar su pasado, él sonriendo asiente.
“Si, yo conocí a la Elena Flores, y después tal vez seguí viendo al señor, el esposo, iba con mi papá a La Haciendita a negocio, se llamaba Celedonio Acosta, a él lo vi varias veces, no nomás una, hasta estaba de la edad de Manuel pa´bajo”
Manuel es mi pequeño primo de 6 años.
“ ¿Me entiendes?, así como de Manuel pa´bajo, ¡pero la primera vez que vi yo a Elena Flores estaba como este chiquito tuyo!”
Toca a mi sobrino de tres 3 años.
“De tres o cuatro años yo” sube la mano animado y emocionado “me acuerdo, porque a mi pá le gustaba traernos gallinas y yo fui muy metichito de chiquito por eso me acuerdo de cuando conocí a Elena Flores ”
Mi abuelo sonríe y se deja recostar en el respaldar de su silla, aún con la ilusión de los recuerdos, mi madre se acerca y le dice que tiene que comer, él gustoso acepta.
Y esta es la historia de Elena Flores, una historia más de las millones que la revolución nos dejó.
Existen muchas anécdotas, muchos cuentos y leyendas relacionados con la revolución mexicana, pero ésta historia que narra el abuelo es un poco diferente a las otras tantas que nos cuenta.
En ésta me doy cuenta de que no todo fue la lucha de los ideales que formaron los héroes, la muerte, la guerra o las familias que se separaban sin tener idea si algún día volverían a reunirse, no, también hubo historias como ésta, donde una mujer, una madre tuvo una segunda oportunidad.
Una oportunidad que le dejó la revolución, la oportunidad de remediar un error, de recuperar a sus hijos.

Saludos desde Sinaloa, México.
Cómo les he dicho es una de las tantas historias que mi abuelo nos cuenta, no sé si haya otros mexicanos en este foro, pero es parte de muchas historias que se crearon con la revolución (una guerrilla de los años 1910) que hubo en México.
Si, sé que hay algunos terminos que no se conocieron, si gustan pueden pedirme alguna aclaración, se que tal vez eso complicó la lectura, pero es que quise ponerlo tal cual lo narra mi abuelo Very Happy .
Muchas gracias por leer.
Hasta pronto.



Última edición por Aire2409 el Lun Nov 08, 2010 4:42 pm, editado 2 veces
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Re: (Narrativa) La Historia de la Señora Elena Flores

Mensaje por azulnay el Jue Sep 23, 2010 7:17 pm

me encanto!!!!!!!!!!!!!

sabes lo dificil, que es leer buenas anécdotas, en fin disfrute tu historia y realmente me hiciste acordar de mi abuelo, y mi tio que en paz descanse los cuales me contaban muy buenas historias de todo tipo, es realmente agradable oírlos hablar de sus años mozos, me encanto tu historia, voy a ver si algún día traigo una anécdota de mi país.

un abrazo xD
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Gracias!!!

Mensaje por Aire2409 el Vie Sep 24, 2010 9:43 am

azulnay escribió:me encanto!!!!!!!!!!!!!

sabes lo dificil, que es leer buenas anécdotas, en fin disfrute tu historia y realmente me hiciste acordar de mi abuelo, y mi tio que en paz descanse los cuales me contaban muy buenas historias de todo tipo, es realmente agradable oírlos hablar de sus años mozos, me encanto tu historia, voy a ver si algún día traigo una anécdota de mi país.

un abrazo xD

Azulnay:
Oh, chica, muchas gracias, si, mi abuelo suele contarnos muchisimas cosas, hasta hoy es la única que me he atrevido a escribir Razz , oh, si, lamento mucho lo de tu abuelo y tio (QDEP) pero me alegra haberte dejado un buen sabor de boca y recordarte buenos tiempos con ellos.
Oh, pues seria muy bueno conocer historias de tu pais, estoy segura de que debe de haber muy buenas.
Saludos.
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